• Isabella Soares Barreto

¿Tu niño te está mintiendo? ¡Eso puede ser bueno!


¿Deben los padres preocuparse cuando sus hijos comienzan a mentirles? La verdad es que la mayoría de nosotros diríamos que sí. Creemos que la honestidad es un imperativo moral, y tratamos de inculcar esta creencia en nuestros hijos. Cuentos infantiles como "Pinocho" hablan de los peligros de la deshonestidad, de los niños que mienten mucho o que comienzan a mentir a una edad temprana. Ellos son considerados anormales en su desarrollo y con mayor probabilidad de tener problemas posteriores en la vida. Pero investigaciones sugieren que lo opuesto es verdad. Mentir en la infancia no es solo normal; también es una señal de inteligencia. Los niños descubren la mentira a los 2 años, según los estudios. En un experimento, se les pidió a los niños que no echasen un vistazo a un juguete escondido detrás de ellos mientras el investigador se retiraba de la habitación con falsos pretextos. Minutos después, el investigador regresó y le preguntó al niño si habia echado un vistazo. Este experimento, diseñado por el psicólogo del desarrollo Michael Lewis a mediados de la década de 1980 ha arrojado dos resultados consistentes. El primero es que la gran mayoría de los niños mirará el juguete unos segundos después de que lo dejen solos. El otro es que un número significativo de ellos mienten al respecto. Los niños también son notablemente buenos en mentir. En una serie de estudios adicionales basados en el mismo modelo experimental, se mostró a una serie de adultos imágenes de niños que mentían o decían la verdad sobre haber cometido una transgresión, con el objetivo de ver quiénes de los adultos podrían detectar a los mentirosos. Sorprendentemente, ninguno de los adultos (ni siquiera los padres de los niños) pudo detectar consistentemente las mentiras. ¿Por qué algunos niños comienzan a mentir a una edad más temprana que otros? ¿Qué los separa de sus pares más honestos? La respuesta es que pueden ser más inteligentes. El profesor Lewis descubrió que los niños pequeños que mienten al mirar el juguete tienen un coeficiente intelectual verbal más alto que los que no lo hacen. Otra investigación ha demostrado que los niños que mienten tienen mejores "habilidades de funcionamiento ejecutivo" (una variedad de facultades que nos permiten controlar nuestros impulsos y permanecer enfocados en una tarea) así como una mayor capacidad de ver el mundo a través de los ojos de otras personas, un indicador crucial del desarrollo cognitivo conocido como "teoría de la mente". Los jóvenes mentirosos son aún más adeptos sociales y mejor ajustados, de acuerdo con estudios recientes de preescolares. Al psicólogo Kang Lee, que ha estado investigando la mentira en los niños durante más de dos décadas, le gusta decirle a los padres que si descubren que su hijo está mintiendo a la edad de 2 o 3 años, deberían celebrarlo. Mentir, en otras palabras, es bueno para el cerebro de los más pequeños. Para los padres, los hallazgos presentan algo así como una paradoja. Queremos que nuestros hijos sean lo suficientemente astutos como para mentir pero moralmente reacios a hacerlo. Y hay momentos en que la seguridad de un niño depende de llegar a la verdad, como en casos criminales que involucran maltrato o abuso. ¿Cómo podemos hacer que nuestros hijos sean honestos? Los duros castigos como azotar hacen poco para disuadir la mentira, indica la investigación, y en todo caso puede ser contraproducente. En un estudio, el profesor Lee y la psicóloga del desarrollo Victoria Talwar compararon las conductas reveladoras de preescolares de dos escuelas occidentales, una que empleaba medidas altamente punitivas como el castigo corporal para disciplinar a los estudiantes y otra que favorecía métodos más templados como reprimendas verbales y viajes a la oficina del director. Los estudiantes en la escuela más dura no solo eran más propensos a mentir sino que también lo hacían mucho mejor. Observar otros siendo elogiados por la honestidad y a la vez recompensar el comportamiento de decir la verdad ("Si dices la verdad, estaré realmente complacido contigo") es el método más efectivo en promover el comportamiento honesto, según han descubierto los profesores Lee y Talwar. La clave para fomentar un comportamiento honesto, sostienen el profesor Lee y sus colegas, es la mensajería positiva: enfatizar los beneficios de la honestidad en lugar de los inconvenientes del engaño.