• Isabella Soares Barreto

¿Debo recompensar a mi hijo?


En la práctica clínica es común depararse con la objeción de los responsables cuando son

solicitados a recompensar la buena conducta de su niñ@. Aún que algunos padres

entiendan la importancia de premiar el comportamiento adecuado de su hij@ al envés de

castigar los inadecuados, tienen miedo de sobornarlos y crear hijos chantajistas.

Abajo discutiremos algunas objeciones de los padres frente al planteamiento de

recompensar el comportamiento positivo de los pequeños:


Objeción 1: “No quiero recompensar un comportamiento que hace parte de las

responsabilidades y obligaciones de mi hij@”.

Esta es una posición razonable. Sin embargo, si el niño no está presentando el

comportamiento ahora, no lo hace suficiente, o no lo emite sin esfuerzo, es práctico

preguntarse: "¿Cuál es la mejor manera de fomentarlo?" En este caso, las reprimidas y

amenazas no funcionan muy bien, y con frecuencia tienen efectos secundarios,

aumentando el comportamiento opositor y disminuyendo la probabilidad de que el niñ@

haga lo que se le solicita. Una buena solución es recompensarlo por la buena conducta!


Objeción 2: “Si utilizo recompensas para obtener un comportamiento, este se detendrá una

vez que deje de dar las recompensas, lo que significa que tendré que dar las recompensas

para siempre para mantener el comportamiento.”

La verdad es que esto no suele ocurrir cuando la recompensa es utilizada de manera

apropiada. La clave no está en las recompensas mismas, sino en una manera consistente y

sistemática, especialmente a un principio, de lograr que el niño realice el comportamiento y

reciba un elogio o lo recompense de otra manera cuando ocurre. (No se olvide: la atención y

la alabanza son recompensas y son, de hecho, sus recompensas más confiables.)


Objeción 3: “Las recompensas arruinarán la motivación interior de mi hijo para hacer las

cosas por su propio bien.”

No, no lo harán, no si se usan correctamente. Mientras que un improvisado, un solo tiro

"hace esto por eso" no desarrollará el comportamiento que desee y puede minar la

motivación intrínseca, las recompensas utilizadas sistemáticamente para desarrollar el

comportamiento deseado pueden transformarlo en hábitos independientes de cualquier

recompensa externa. La repetición del comportamiento seguido de una recompensa hace

con que este se vuelva en un hábito y que la recompensa sea hacer el propio

comportamiento.


Como se puede ver, no hay magia en las recompensas. Son simplemente una instigación

para que el comportamiento se ocurra repetidamente, de modo que el hábito pueda

desarrollarse.

http://alankazdin.com.previewdns.com/pdfs/If%20Your%20Good_2010_Slate-Bribery_3-10.p

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